Mundo ficciónIniciar sesiónEl hangar privado del aeropuerto de Ginebra estaba cubierto por una fina capa de escarcha. Elliot acababa de bajar del jet con el rostro tenso y el teléfono satelital pegado a la oreja. Sus abogados suizos ya lo esperaban con los maletines abiertos sobre el capó de un sedán negro, listos para firmar la congelación de activos de los Van Camp.
De repente, una alerta de máxima prioridad hizo vibrar el di







