MAYLA
Sabía que era más débil que él físicamente, pero ¿me veía como un delicado pétalo de rosa que podía ser aplastado en cualquier momento, o arrastrado por la más leve ráfaga de viento?
—Yo que tú no lo aceptaría, Mayla—, dijo Martina, interrumpiendo mis pensamientos. —Pronto vas a ser Luna de esta manada. Tienes que demostrarle a mi hermano que puedes ser la Luna fuerte que él quiere que seas. No necesita tenerte de bebé.
Tragué saliva con dureza, la rabia burbujeando en mi interior ante la