MARCUS
Después de haber pasado un gran susto, mis bebés estaban en brazos de los médicos. Me acerqué para verlos y me encantaban. Era un sentimiento que jamás había sentido por alguien. Eran sangre de mi sangre.
No tenía palabras para describir lo hermosos que son.
—Felicidades señor Marcus— me dijo uno de los médicos— han nacido fuertes y sanos, seguramente de herencia— me sentí satisfecho. Tomé al varón entre mis brazos y Mayla se reincorporó aún con dolor.
—Vamos, enséñame— me dice y el otro