El verdugo vive

MAYLA

El viaje fue nebuloso, ya que entraba y salía de la conciencia una y otra vez; mis miembros seguían flácidos, la cabeza me latía con fuerza y, tras intentar mover los músculos varias veces, acabé por rendirme, consciente de que estaba malgastando una valiosa energía intentando escapar. Ofelia seguía hechizándome y no podría moverme hasta que lo revocara.

Las lágrimas seguían cayendo al suelo del bosque, algunas empapando la parte trasera de la fina camisa de algodón de Ofelia, y me di cue
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