MAYLA
—Mayla, ¿puedes venir un momento, cariño?
Los pelos de la nuca se me erizaron ante el tono de Marcus, el corazón martilleándome contra el pecho mientras salía del baño, con mi foto agarrada entre las manos, su expresión difícil de leer.
¿Había hecho algo que le molestara?
—¿Sí? —pregunté con voz tímida y las manos temblorosas en la espalda.
—Supongo que acabas de dibujar esto—, me preguntó, tendiéndome el trozo de papel, lo que me hizo asentir lentamente, avergonzada de que hubiera visto