— Ónix, gracias por salvarme anoche — Mi voz suena débil y me odio por la imagen de mujer desprotegida que acabo de brindarle.
Decir su nombre se sintió como si estuviese entregándole mi alma, prometiéndome a él para siempre.
¡Definitivamente, no volveré a leer esas historias!
— Luciano va a encargarse de tu seguridad, no te preocupes, puedes pedirle ayuda a él o a sus hombres cuando lo necesites — Me dice y enseguida hace un gesto con la cabeza y se retira hacia el interior de su chalet.
Lucia