Violeta temblaba compulsivamente con la carta en sus manos.
Y mientras la leía, sus ojos se llenaron de lágrimas y comenzó a llorar.
No de miedo, sino de tristeza.
"Mi querida Violeta,
Todavía no concibo que hayas tenido el valor de hacer lo que hiciste.
Debo confesar que tardé en descubrir que eras tú, y una vez que lo hice, no podía creerlo.
¿Cómo pudo mi propia hija hacerme esto?
Pero luego se me ocurrió que tenías tus razones, ¿no?
Descubriste lo de tus padres, así que es co