Los músculos de Waverly se tensaron. Era el momento que todos sabían que iba a llegar en algún momento, pero no esperaban que ocurriera realmente.
—¿Qué? —preguntó, con la esperanza de haberle escuchado mal. Sawyer siguió hurgando en los papeles y cajones, buscando algo—. ¿Qué estás haciendo? —insistió.
Sacó un cuchillo y lo metió en la parte trasera de sus vaqueros. Waverly lo miró fijamente, atónita.
—¿Qué... cómo... por qué tienes eso?
Sawyer mantuvo su atención en sí mismo: —Para