Al día siguiente, Waverly se despertó cuando Sawyer se levantó de la cama. Su cincelada espalda estaba frente a ella, y sonrió mientras se estiraba, recordando haber pasado sus manos por ella la noche anterior.
—Buenos días —saludó mientras bostezaba.
Sawyer giró la cabeza hacia ella y le dedicó una sonrisa con los labios cerrados.
—Buenos días.
Agarró una camisa del suelo y la olió antes de tirársela por la cabeza y cubrirse el torso.
—¿A dónde vas? —preguntó Waverly, sentándose e