Morgana condujo a Violeta a una sala muy grande con doce sillas puestas en círculo.
Los asientos ya estaban llenos de gente y Violeta se sintió muy intimidada.
En una de las sillas estaba Jack, mirándola con ojos enigmáticos. Violeta sintió un frío en su columna vertebral.
Morgana ocupó el único asiento vacío y dejó a Violeta sola en el centro del círculo, como si fuera una criminal juzgada. Lo cual era.
Jack se puso de pie y comenzó a hablar.
—Todos sabemos por qué estamos reunidos