〚KATERINE〛
El coche se detiene sin previo aviso. No hay ceremonia. No hay anuncio. Solo el silencio seco del motor apagándose y el tipo de quietud que nunca es realmente paz, sino calma antes de una tormenta.
Miro por la ventanilla y entiendo de inmediato que no estamos entrando por donde deberíamos.
Kensington está ahí, a unos metros, imponente, frío, intacto como si los pilares que hacen que se mantenga en pie, no estuvieran desmoronándose alrededor de él.
No cruzamos la entrada principal.
No.