90. PERMISO CONCEDIDO

FRANCO:

Apenas sentí el calor del abrazo que Alexcía me ofrecía por primera vez con sinceridad. Desde que supe que era mi verdadera hija, ahora era que mi corazón sintió que me reconocía como su padre. No quería decir que estuviera completamente de acuerdo con Gianpiero, pero no pude resistirme al brillo y la súplica en la mirada de ella. Había sufrido demasiado, y aunque no me gustara, ese chico la hacía feliz

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