Capítulo 36 — Castigo consentido
Al día siguiente del beso, Cassian se levantó antes del amanecer.
No habló con Elena. No la tocó. Salió de la cama, se vistió y desapareció por los pasillos. Julian, aún tumbado, acarició el cabello de Elena.
— Va a castigarte —dijo—. Es su forma de manejar los celos.
— ¿Qué castigo?
— El que hayas elegido. O no. Te preguntará.
Hacia el mediodía, Cassian regresó. Llevaba en la mano un látigo corto, de tres tiras — el mismo que había ofrecido semanas atrás, cuand