Capítulo 35 — El beso de Judas
Darius regresó antes de lo previsto.
Tres días después de su partida, Elena paseaba por los jardines interiores — los únicos espacios donde podía caminar sin escolta. La nieve había cesado, pero el frío mordía sus mejillas. Llevaba una capa de piel sobre su túnica blanca, sus pies descalzos dentro de botas forradas.
Él estaba allí, apoyado contra el muro del pozo.
— Te he buscado por todas partes —dijo—. No eres fácil de encontrar.
— No quería que me encontraran.