Capítulo 34 — El tercer hermano
Las cenizas de Selena aún humeaban en el patio cuando una sombra se desprendió del muro de la fortaleza.
Elena la vio primero — una figura larga, demacrada, vestida con harapos negros. Unos ojos grises pálidos, casi blancos, como los de un ciego. Pero veía. Veía todo.
— Darius —dijo Cassian, con voz neutra.
— Mi amado hermano —respondió el extraño con voz ronca, gastada—. Hace mucho tiempo.
Julian se colocó frente a Elena, un brazo protector sobre su vientre.
— E