Alaric
Me habían sacado de quicio; habían sacado lo peor de mí. Un gobernante se debe a sus súbditos, y yo estaba seguro de eso, así como de que muchos me necesitaban. No ignoraba el hecho de que Valerius estaba causando destrozos donde podía. Que las alimañas de sus aliados se sentían apoyadas, al fin. Vistas, respetadas, temidas.
Pero volvíamos al mismo problema de siempre, el que había provocado la catástrofe en la guerra anterior: cada manada pensaba solo en sí misma, y cada alfa se preoc