Celeste
Vi a los vampiros y sentí el miedo crepitar en mi piel. Había huido de ellos en la manada, pero finalmente habían llegado a mí, como si, sin importar lo que hiciera, el destino fuera siempre el mismo.
—¡Yo puedo con ellos! ¡Corre! —me grita Eva mientras la veo pelear contra cuatro vampiros al mismo tiempo.
—¡Es ella, la traidora! —le gritan, y yo siento pavor. Una cosa era entrenar con ella y otra muy distinta verla atacar en realidad, sin compasión, con una crueldad absoluta. Salvándom