Alaric
Cuando me despierto la escena que tengo enfrente me quita el aliento. Celeste toma mi mano con delicadeza, sus dedos entrelazados con los míos, mientras su pulgar descansa en la palma de mi mano.
—Nos ha estado cuidando —dice mi lobo, y yo gruño.
—Ningún mate ha ayudado a mi familia. Lo que hacen es destrozarnos—
—Ella es diferente. Nosotros somos diferentes —responde.
No sé si es por las hierbas que me ha colocado o simplemente por su toque, pero me siento mejor. Sabía que la herida ib