Lejos de todos.
Más tarde esa noche.
Toco la puerta de mi arrendador con insistencia.
—¿Qué es lo que le pasa Alicia? Es hora de dormir, y vienes y casi tiras mi puerta.
—¿Usted cambió las cerraduras de mi casa? No puedo entrar.
—Te avisé hace tres semanas Alicia. Se que tuviste gastos con la muerte de doña Amanda Y de verdad lo lamento. Pero el dueño me obligó. Esa casa será ocupada mañana por nuevos inquilinos. Lo siento—Lo miro aterrada, ¿Qué voy a hacer Ahora? Pero, en vez de llorar siento coraje por