Capitulo 92.
Capítulo 92.
Dentro de la habitación, el calor era abrumador. Las ventanas estaban abiertas, pero el viento del sur, tibio y húmedo, no ayudaba a aliviar la tensión que se respiraba en el aire. Ada sudaba, jadeaba, gemía. Su cabello dorado estaba pegado a su frente, sus mejillas estaban encendidas, y sus manos se aferraban con fuerza a las sábanas arrugadas, a la mano de su madre, a la vida misma. Cada contracción la sacudía con una violencia casi sobrenatural. Era dolor, sí, pero también e