Nero dejó que la puerta se cerrara detrás de él, y se quedó allí por un largo segundo simplemente mirándola fijamente. Las luces de Navidad capturaron la curva de su cadera, la cresta de su clavícula, la forma en que sus pechos se asentaban pesados y suaves contra el colchón. Los restos de helado se habían derretido principalmente en pequeños rastros brillantes por su estómago, y entre sus piernas podía ver el goteo blanco atrapado en su coño, y su boca se secó.
"Dos minutos parecieron una hora