9. Sucumbir al deseo
Bella
Sebastian y yo nos despedimos en el garaje de la casa y no solo él le costó dejarme, sino que diez minutos atrapados en la boca del otro no fue suficiente, no cuando su despedida advertía algo realmente turbio.
Algo más grande que él y yo.
Algo más grande que lo que habíamos construido.
—No quiero que te vayas —le había dicho aún pegada a sus labios.
Manos entrelazadas.
Él percibió la presencia de mis miedos y llevó nuestras manos a la altura de su corazón. Latiendo tan despacio que inclu