POV Astra
Él me observó en silencio.
Y entonces lo entendí.
No fue por su mirada. No fue por la forma en que estaba parado frente a mí. Fue ese aroma.
Ese perfume cálido, intenso, ligeramente dulce.
No era el de Ángel.
Mi corazón comenzó a latir tan fuerte que sentí dolor en el pecho.
Retrocedí un paso, mirándolo fijamente.
—¡Tú no eres Ángel!
Albert frunció el ceño, como si realmente no comprendiera de qué estaba hablando.
—Claro que no soy. ¿Quién es ese tal Ángel? —preguntó con aparente moles