POV Amatissa
—¡Serafina, por favor… te lo suplico! No hagas una locura.
Mi voz salió rota. Apenas era un hilo de aire. Sentía la garganta cerrada, como si el miedo me estuviera asfixiando desde dentro. No podía pensar con claridad. Solo veía a mi hijo en sus brazos, tan pequeño, tan indefenso… y tan cerca del borde.
Serafina me miró. Y sonrió.
No era una sonrisa normal. Era fría, lenta, como si disfrutara cada segundo de mi desesperación.
—¿Y por qué? —preguntó con calma—. ¿Por qué no haría una