POV VERENA
El abogado del abuelo Finneas tomó la palabra con voz firme, pero cada sílaba parecía vibrar en la sala como un presagio.
—Leeremos el testamento —dijo, sus ojos recorriendo a todos los presentes como si midiera sus reacciones antes de entregarles el golpe final—. Esta es la voluntad del señor Finneas D’Argent, en pleno uso de sus facultades mentales, y con aval médico certificado por notario público.
El silencio se hizo absoluto.
El mundo parecía haberse detenido por un instante; solo el tic-tac de un reloj lejano recordaba que el tiempo seguía su curso.
—La casa de las praderas, junto con una carpeta de inversión por diez millones de euros, así como un total de doscientos millones de euros y un fideicomiso de trescientos millones de euros —prosiguió—, quedará a nombre de mi bisnieto, hijo de Harold e Inés, que en paz descanse. Todo esto quedará bajo el cuidado de Azkarion D’Argent, y se entregará al pequeño cuando cumpla la mayoría de edad. En caso de no sobrevivir, todo i