POV Serafina
Llegué a la mansión Alcázar con el corazón latiendo aceleradamente, pero mi rostro mantenía esa calma calculada que tanto me había costado perfeccionar. Apenas crucé la entrada, me miré en el espejo retrovisor del coche y maldije por lo rojos que estaban mis ojos; había llorado más de lo que quería admitir. Suspiré y me repetí mentalmente: mi belleza siempre será mi mejor arma. No podía permitirme mostrar debilidad.
Bajé del coche con pasos decididos y caminé hacia la puerta princip