POV Azkarion.
Me levanté como un resorte al escuchar los pasos acercándose por el pasillo.
No fue un sonido fuerte, ni apresurado. Fue precisamente eso lo que me heló la sangre: pasos medidos, seguros, de alguien que no dudaba.
Antes de pensarlo, me coloqué frente a Verena, abriendo los brazos como si mi cuerpo pudiera convertirse en un muro infranqueable. Como si mi sola presencia bastara para protegerla del mundo entero.
El baño estaba demasiado lejos.
El clóset también.
Y no… no podía esconderla bajo la cama, no con su vientre ya tan evidente, no con nuestro hijo creciendo dentro de ella.
Sentí miedo.
Un miedo crudo, visceral.
No por mí. Nunca por mí. Si no por ella. Por mi bebé.
—Maldita sea… —susurré entre dientes.
Jamás me había sentido tan vulnerable. Ni siquiera cuando era niño y no tenía a nadie. Ni siquiera cuando me enfrenté a la traición por primera vez. Esto era distinto. La idea de no poder defenderlos, de que algo horrible pudiera sucederles, de perder otra vez todo lo q