Llegué a casa cuando la tarde ya estaba muriendo, con el cielo teñido de un gris cansado que parecía reflejar exactamente cómo me sentía por dentro. El cuerpo me pesaba como si llevara semanas sin dormir, y la mente… la mente estaba saturada de nombres, cifras, contratos, decisiones tomadas casi en automático. Reuniones interminables, llamadas que no daban tregua, responsabilidades que se acumulaban sin pedir permiso.
El trabajo me estaba devorando lentamente, y lo peor era que yo lo sabía… y au