Al día siguiente, me dirigí a la empresa King.
No iba sola.
James se había asegurado de ello.
Dos guardaespaldas me acompañaban, además de varios miembros de mi equipo legal y financiero. Si Antonio creía que podía volver a intimidarme o encerrarme como había hecho antes, estaba muy equivocado.
Mientras observaba el enorme edificio acercarse a través de la ventanilla del automóvil, sentí una mezcla extraña de emociones.
Durante años, aquel lugar había sido parte de mi vida.
Y también había sufr