SILVANO.
No quise dejar a Karina en la villa, pero la llamada urgente de mi padre me dejó sin elección. Afortunadamente, dejé a Harold, mi asistente, a cargo de ella en mi ausencia. Aunque noto que Karina prefiere la soledad, su actitud distante me ha dejado claro que la compañía no es bienvenida. Aunque comprendo su dolor, su distancia sigue afectándome.
—Silvano, supe lo que pasó con la hija de los Pallegrini —mi padre, con su voz severa y arrastrada, me hizo reaccionar —¿Qué han sabido al re