Raegan Stravos
La satisfacción se extendía por todo mi ser, como una llama avivada por el poder que ahora sentía al alcance de mis manos. Finalmente, tenía todo lo que siempre había deseado: a mi hermosa Alexa y a nuestros hijos bajo el mismo techo. Pronto, con la candidatura a punto de ser mía, la vida que había soñado se convertía en mi realidad. Me deleitaba con la idea de esta vida perfecta mientras me encontraba en mi despacho, conversando con mi padre.
—Raegan, no puedes casarte con esa n