Las lágrimas caían sin cesar mientras Elijan me sostenía con fuerza, brindándome el apoyo que necesitaba, aunque por dentro sentía que me desmoronaba. La escena frente a mí era un caos: Raegan arrastraba a Ricardo fuera de la clínica, forcejeando con él mientras Ricardo lanzaba gritos llenos de odio y rencor. Todo se sentía irreal, como una pesadilla de la que no podía despertar.
—No entiendo nada… Esto es una pesadilla —murmuré, mi voz rota y ahogada entre sollozos.
Elijan me sostuvo por los h