—¡Eres una idiota, Alexa! —gritó Raegan, su voz llena de frustración—. ¿Qué demonios te pasa? Te has dejado envolver por este tipo y no piensas en tu hijo.
—¡Cállate, Raegan! —respondí, sintiendo que la ira y la preocupación se mezclaban en mi pecho— ¿Que le paso a Remo?
—Estás tan cegada por este miserable que te olvidaste de lo que realmente importa.
—dijo Raegan, cruzándose de brazos con desdén.
Justo en ese momento, Elijan apareció en la puerta, su mirada oscura y llena de rabia. Se