-¿Dónde está mi comida? ¿Dónde están los sirvientes? -rugió, caminando hacia el centro de la plaza con pasos duros. -¡¿Quién se cree con derecho a ignorar mis órdenes?!
El silencio que recibió como respuesta fue más cruel que cualquier insulto. Nadie bajó la cabeza. Nadie se movió. Nadie obedecía.
Y los ojos… los ojos de todos no miraban a Darian, sino que giraban, inevitablemente, hacia Kael.
Darian lo notó.
-¿Así que es esto? -Su voz se llenó de veneno, clavando los ojos en él. -¿Has envenena