Jaqueline
Volvimos juntos al comedor, uno al lado del otro, pero mi corazón seguía acelerado por sus palabras. Era como si cada una de ellas se hubiera quedado grabada dentro de mí, y no podía dejar de pensar en lo mucho que Alexandre había logrado emocionarme. Caminábamos de la mano, intercambiando miradas cómplices y sonrisas silenciosas.
Cuando llegamos al comedor, la mesa ya estaba puesta de manera impecable. Uno de los arreglos florales que yo había elegido por la tarde estaba en el centro