Alexandre
Sentí todo mi cuerpo tensarse en el instante en que Jaqueline me pidió que no hiciera nada contra Talles. La palabra *“nada”* resonó en mi mente como una afrenta. Mi sangre hirvió, y un amargor áspero subió por mi garganta como bilis. Intenté mantener la compostura, pero por dentro estaba en guerra.
“¿Ella todavía siente algo por ese desgraciado?”
El pensamiento me desgarró por dentro.
Los celos vinieron como un golpe, y con ellos la rabia. Era absurdo, lo sabía, pero verla intercede