Jaqueline
La habitación estaba tomada por una tensión deliciosa, cargada de deseo, entrega y provocación. La tristeza que yo sentía horas antes era ahora apenas un recuerdo distante, disuelta en el calor de la mirada intensa de Alexandre, en el sonido grave de su voz, en la forma en que cada gesto suyo me envolvía. Sentía mi corazón latir acelerado, como si todo mi cuerpo estuviera despierto. Las manos me sudaban lentamente, pero no era nerviosismo. Era excitación. Era el estremecimiento que ve