Edgar
Mantuve la mirada fija en la foto de las dos mujeres, observando sus rostros.
—Excelente trabajo, Hélio —agradecí, recostándome en la silla.
Él cerró la carpeta, se levantó y se despidió antes de salir de la sala. Júlio rompió el silencio con una risa breve:
—Hélio siempre se supera. Entonces, papá… ¿qué tiene en mente?
Me recosté en la silla, con la fotografía entre los dedos.
—Pronto lo sabrás.
—Está bien, pero esa exposición de arte fue una jugada certera.
—Solo cobré algunos favores.