Alexandre
Marcela tenía el don de sacarme de quicio. Me levanté de la silla con un movimiento brusco y caminé en dirección a Malu.
—¿Qué más hizo Marcela, Malu? No me ocultes nada.
—Alexandre… —tía Helena intentó intervenir—. Déjalo por ahora.
—No, tía. Él tiene derecho a saber.
Mi hermana cruzó los brazos y empezó a contar, con un tono indignado.
—Ya había escuchado que usted venía hablando con Edgar por teléfono. Mamá se puso hecha una furia. En su cabeza, la tía Helena estaba intentando enga