No había forma de evitarlo… 

Jaqueline

Me sentí ansiosa, temiendo que fuera Marcela otra vez, pero Pedro apareció con su energía característica, ya sonriendo como si fuera el dueño del lugar. Llevaba una camisa social clara, con las mangas dobladas hasta los codos, y desprendía ese aire relajado tan suyo.

—¡Buenos días, mis queridos! —dijo abriendo los brazos—. Estevão me mandó un mensaje avisando que vendría a desayunar aquí, así que decidí venir también.

Pedro arrastró una silla, se pasó la mano por el cabello y abrió su
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