Estevão
Entré en el condominio con una sonrisa satisfecha, el sol de la tarde aún alto y una agradable sensación de libertad en el pecho. Era raro poder salir más temprano del trabajo, y el hecho de que Alexandre se hubiera ausentado para dos reuniones fuera de la empresa fue perfecto para que yo también pudiera escaparme.
Apenas estacioné el coche frente a la casa de Helena, ni siquiera esperé a que el motor se apagara por completo. Salí apresurado, con el corazón acelerado como un adolescente