Alexandre
Jaqueline me miró como si algo estuviera ardiendo a su alrededor. Los ojos muy abiertos, la boca apenas entreabierta. La emoción subió en oleadas hasta la garganta y, por un instante, olvidó cómo se respiraba.
—¿Qué…? —susurró, todavía aturdida, como si el cerebro no hubiera procesado del todo.
—Exactamente eso que oíste. No quiero esperar más. Quiero vivir cada día de mi vida a tu lado. No tiene que ser ahora ni mañana… pero quiero saber si aceptas ser mi esposa. Si quieres construir