Maria Luiza
Me sentí completamente encantada con el escenario romántico que Estevão había preparado. Los pétalos de rosas esparcidos por el suelo y la cama, la luz suave de las velas danzando en las paredes y el perfume acogedor en el aire. Todo parecía salido de un sueño. Pero más que eso, era la forma en que él me miraba. Me trataba como si yo fuera la única mujer en el mundo.
No tenía dudas: quería entregarme al hombre que amo. Mi amor desde la adolescencia. No había miedo, solo una dulce an