Jaqueline
Entramos al vestíbulo principal y, por un instante, me quedé completamente sin palabras. El techo altísimo y las arañas de cristal reflejaban la luz natural que entraba por los enormes ventanales de vidrio.
—¡Esto es maravilloso! Tengo muchas ganas de conocer el chalet —dijo Malu, sujetándome del brazo y riendo bajito.
Alexandre y Estevão se adelantaron, entregando los documentos y confirmando la reserva con la naturalidad de quienes dominaban ese ambiente. Yo observaba cada detalle,