Gustavo
Llegué a casa más temprano, algo poco habitual. El sol de la tarde aún brillaba con fuerza cuando entré, y el suave sonido del agua me hizo detenerme en medio del pasillo. Me incliné un poco y vi a Livia en la piscina, con el cuerpo deslizándose en el agua. Hermosa como una sirena. Sin pensarlo dos veces, subí corriendo al cuarto. Me quité el traje y me puse un bañador y unas bermudas encima, y bajé las escaleras apresurado, con el corazón latiendo rápido y una sonrisa en el rostro.
Cua