La luz de la mañana se filtraba por los ventanales del refugio como una confesión lenta, renuente y fría.
No había dormido. No de verdad. Había estado entrando y saliendo de algo que parecía sueño, pero que se sentía más como ahogarme a cámara lenta, con las manos pegadas al estómago toda la noche, como si pudiera proteger las dos vidas que llevaba dentro de un mundo que ya había decidido usarlas como armas.
Lucian estaba sentado a la mesa de acero reforzado al otro lado de la habitación, con u