Su inocencia fue sorprendentemente obvia, incluso si no hubiera conocido a tantas mujeres. La forma en que temblaba y se estremecía, la mirada de sorpresa con los ojos muy abiertos cuando su orgasmo la envolvía sintió su inexperiencia en cada cambio de expresión, cada exhalación ronca, cada minuto. El la miro fijamente mientras dormía, sus ojos devorando su imagen desnuda, su cuerpo vibraba de deseo.
Issam amaba el sexo.
Lo había amado desde que podía recordar.
Y debido a que nunca había tenido