Mientras tanto, en la cafetería del hospital, Maximilien estaba completamente distraído, jugaba con el mezclador de su café, sus pensamientos no lo dejaban concentrarse en la conversación, mientras que Claude hablaba sin parar, pero su voz se convirtió en apenas un susurro en sus oídos, él solamente estaba pensando en Amelia, en su actitud, en su forma de despreciarlo, sabiendo que estaba sintiendo lo mismo por él.
—¿Maximilien? ¿Me estás escuchando lo que te estoy diciendo? —le preguntó Claud