LOGAN
La manos me tiemblan ligeramente y no sé a qué demonios se debe. No sé si es por la adrenalina de lo que acaba de pasar con el tío de Cid o porque ahora mismo estoy bajo la mirada escudriñante de la madre de Cid.
—Señora Cass— pronuncio en cuanto me doy cuenta de que ambas estamos en silencio.
—Puedes llamarme por mi nombre, Renata, — menciona alegre.— No debiste de presenciar tal pelea verbal… mi esposo y sus hermanos tienen de vez en cuando riñas.
—Riñas de poder— susurro.
—¿Disculpa?—