Lila y Edrick seguían hablando como si no se hubieran visto en una eternidad, mientras el personal iba de un lado a otro metiendo nuestro equipaje.
Intenté distraerme con el teléfono, pero mis ojos no dejaban de desviarse hacia Lila y hacia cómo sus manos rozaban los hombros de Edrick cada dos por tres.
En el momento en que ella se fue, la casa quedó en silencio. Aún podía oler su perfume en el aire. Dulce y suave, como si hubiera querido dejar una parte de sí misma atrás.
Edrick ni me miró. Se